DOCUMENTO: EL COMPROMISO DE CIUDAD DEL CABO ( 1 )

El Compromiso de Ciudad del Cabo

Una Confesión de Fe y un Llamado a la Acción
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- Primera parte: Indice, prologo y preámbulo  -


ÍNDICE
PRÓLOGO
PREÁMBULO

PRIMERA PARTE  Para el Señor que amamos: La Confesión de Fe de Ciudad del Cabo

  1. Amamos porque Dios nos amó primero
  2. Amamos al Dios vivo
  3. Amamos a Dios el Padre
  4. Amamos a Dios el Hijo
  5. Amamos a Dios el Espíritu Santo
  6. Amamos la Palabra de Dios
  7. Amamos el mundo de Dios
  8. Amamos el evangelio de Dios
  9. Amamos al pueblo de Dios
  10. Amamos la misión de Dios

SEGUNDA PARTE  Para el mundo que servimos: El Llamado a la Acción de Ciudad del Cabo
Introducción
IIA   Dar testimonio de la verdad de Cristo en un mundo pluralista y globalizado
IIB   Edificar la paz de Cristo en nuestro mundo dividido y roto
IIC   Vivir el amor de Cristo entre personas de otras creencias religiosas
IID   Discernir la voluntad de Cristo para la evangelización mundial
IIE   Llamar a la Iglesia de Cristo a volver a la humildad, la integridad y la sencillez
IIF   Asociarse en el cuerpo de Cristo para la unidad en la misión
Conclusión




PRÓLOGO

El Tercer Congreso de Lausana para la Evangelización Mundial (Ciudad del Cabo, 16 al 25 de octubre de 2010) reunió a 4.200 líderes evangélicos de 198 países, y se extendió a cientos de miles más que participaron en reuniones en todo el mundo y a través de Internet. ¿Su meta? Plantear a la Iglesia global un desafío renovado a dar testimonio de Jesucristo y de toda su enseñanza en cada nación, en cada esfera de la sociedad y en el mundo de las ideas.
El Compromiso de Ciudad del Cabo es el fruto de este esfuerzo. Forma parte de una línea histórica que se apoya tanto en el Pacto de Lausana como en el Manifiesto de Manila. Consta de dos partes. La Primera Parte presenta convicciones bíblicas, que hemos recibido a través de las Escrituras, y la Segunda Parte hace sonar el llamado a la acción.
¿Cómo se dio forma a la Primera Parte? Fue discutida primeramente en Minneapolis, en diciembre de 2009, en un encuentro de 18 teólogos y líderes evangélicos invitados, escogidos de todos los continentes. Un grupo más pequeño, dirigido por el Dr. Christopher J. H. Wright, presidente del Grupo de Trabajo de Teología de Lausana, recibió el encargo de preparar un documento final que estuviera listo para ser presentado al Congreso.
¿Cómo se dio forma a la Segunda Parte? Un amplio proceso de escucha comenzó más de tres años antes del Congreso. Cada uno de los Subdirectores Internacionales del Movimiento de Lausana organizó consultas en su región, donde se pidió a líderes cristianos que identificaran los principales desafíos que enfrentaba la Iglesia. Surgieron seis cuestiones clave que (i) definieron el programa del Congreso y (ii) formaron el marco para el llamado a la acción. Este proceso de escucha continuó durante el Congreso, mientras Chris Wright y el Grupo de Trabajo de la Declaración trabajaban para registrar fielmente todos los aportes. Fue un esfuerzo hercúleo y monumental.
El Compromiso de Ciudad del Cabo funcionará como una hoja de ruta para el Movimiento de Lausana durante los próximos diez años. Esperamos que su llamado profético a trabajar y orar lleve a iglesias, agencias de misión, seminarios, cristianos en el lugar de trabajo y comunidades de estudiantes universitarios a abrazarlo y a encontrar cuál es su parte en llevarlo a cabo.
Hay muchas afirmaciones doctrinales que dicen lo que la Iglesia cree. Nosotros quisimos ir más allá y vincular la creencia con la práctica. Nuestro modelo fue el del apóstol Pablo, cuya enseñanza teológica estaba encarnada en instrucciones prácticas. Por ejemplo, en Colosenses, su profundo y maravilloso retrato de la supremacía de Cristo se traduce en enseñanzas concretas acerca de lo que significa estar arraigados en Cristo.
Distinguimos lo que está en el corazón del evangelio cristiano, es decir las verdades primarias en las que debemos tener unidad, de los temas secundarios, donde cristianos sinceros discrepan en su interpretación de lo que la Biblia enseña o exige. Hemos trabajado aquí para dar forma al principio de Lausana, de "amplitud dentro de límites", y en la Primera Parte, se definen claramente esos límites.
Durante todo este proceso, fue un placer colaborar con la Alianza Evangélica Mundial, que se asoció con nosotros en cada etapa. Los líderes de la AEM estuvieron completamente de acuerdo, tanto con la Confesión de Fe como con el Llamado a la Acción.
Si bien hablamos y escribimos desde la tradición evangélica en el Movimiento de Lausana, afirmamos la unicidad del Cuerpo de Cristo y reconocemos gozosamente que hay muchos seguidores del Señor Jesucristo dentro de otras tradiciones. Acogimos a importantes representantes de varias iglesias históricas de otras tradiciones como observadores en Ciudad del Cabo, y esperamos que el Compromiso de Ciudad del Cabo pueda ser de utilidad para iglesias de todas las tradiciones. Lo ofrecemos con un espíritu humilde.
¿Cuáles son nuestras esperanzas para el Compromiso de Ciudad del Cabo? Confiamos en que se hablará de él, se lo discutirá y se le reconocerá su importancia como una declaración unida de los evangélicos en todo el mundo; que dará forma a los planes en el ministerio cristiano; que fortalecerá a los líderes intelectuales en el ámbito público; y que se originarán iniciativas y asociaciones a partir de él.
Que la Palabra de Dios ilumine nuestra senda, y que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos nosotros.

S. Douglas Birdsall                                                        Lindsay Brown
Director Ejecutivo                                                    Director Internacional


PREÁMBULO

Como miembros de la Iglesia de Jesucristo en todo el mundo, afirmamos gozosamente nuestro compromiso con el Dios vivo y sus propósitos de salvación a través del Señor Jesucristo. Por él, renovamos nuestro compromiso con la visión y las metas del Movimiento de Lausana.

Esto significa dos cosas:

Primero, que seguimos comprometidos con la tarea de dar testimonio, en todo el mundo, de Jesucristo y de toda su enseñanza. El Primer Congreso de Lausana (1974) fue convocado para la tarea de la evangelización mundial. Entre sus principales legados a la Iglesia mundial se destacan: (i) el Pacto de Lausana, (ii) una nueva conciencia de la cantidad de pueblos no alcanzados; y (iii) un renovado descubrimiento de la naturaleza integral del evangelio bíblico y de la misión cristiana. El Segundo Congreso de Lausana, en Manila (1989), dio origen a más de 300 asociaciones estratégicas para la evangelización mundial, muchas de ellas, realizadas en cooperación entre diferentes países, en todas partes del mundo.

Y, segundo, que seguimos comprometidos con los principales documentos del Movimiento: el Pacto de Lausana (1974) y el Manifiesto de Manila (1989). Estos documentos expresan claramente verdades medulares del evangelio bíblico y aplican esas verdades a nuestra misión práctica de formas que siguen siendo pertinentes y desafiantes. Confesamos que no hemos sido fieles a los compromisos asumidos en esos documentos. Pero los recomendamos y apoyamos, mientras intentamos discernir cómo debemos expresar y aplicar la verdad eterna del evangelio en el mundo siempre cambiante de nuestra generación.

Las realidades del cambio


Prácticamente todo lo que tiene que ver con la forma en que vivimos, pensamos y nos relacionamos unos con otros está cambiando a un ritmo cada vez más acelerado. Para bien o para mal, sentimos el impacto de la globalización, de la revolución digital y del cambiante equilibrio de poder económico y político en el mundo. Algunas cosas que enfrentamos nos causan dolor y ansiedad: la pobreza global, las guerras, los conflictos étnicos, las enfermedades, la crisis ecológica y el cambio climático. Pero hay un gran cambio en nuestro mundo que es motivo de regocijo: el crecimiento de la Iglesia mundial de Cristo.

El hecho de que el Tercer Congreso de Lausana se haya realizado en África es evidencia de esto. Por lo menos las dos terceras partes de los cristianos del mundo viven ahora en los continentes del Sur global y el Este global. La composición de nuestro Congreso de Ciudad del Cabo reflejó este enorme cambio en el cristianismo mundial durante el siglo transcurrido desde la Conferencia Misionera de Edimburgo de 1910. Nos regocijamos por el asombroso crecimiento de la Iglesia en África, y nos regocijamos porque nuestras hermanas y hermanos en Cristo africanos fueron los anfitriones de este Congreso. Al mismo tiempo, no podíamos reunirnos en Sudáfrica sin estar conscientes de los años de sufrimiento del pasado bajo el apartheid. Así que estamos agradecidos por el avance del evangelio y la justicia soberana de Dios obrando en la historia reciente, mientras seguimos luchando con el legado de maldad e injusticia que permanece. Este es el doble testimonio y papel de la Iglesia en cada lugar.
        
Debemos responder en la misión cristiana a las realidades de nuestra propia generación. También debemos aprender de esa mezcla de sabiduría y error, de logro y fracaso, que heredamos de generaciones anteriores. Honramos y lamentamos el pasado, y nos involucramos con el futuro, en el nombre del Dios que sostiene toda la historia en su mano.

Realidades que no han cambiado


En un mundo que busca reinventarse a un ritmo cada vez más acelerado, algunas cosas permanecen iguales. Estas grandes verdades brindan la fundamentación bíblica para nuestra participación misional.

·         Los seres humanos están perdidos. La difícil situación humana subyacente continúa siendo como la describe la Biblia: nos encontramos bajo el juicio justo de Dios en nuestro pecado y rebelión, y sin Cristo no tenemos esperanza.

·         El evangelio es buenas noticias. El evangelio no es un concepto que necesita ideas nuevas, sino una historia que debe ser contada de una forma nueva. Es la historia inalterable de lo que Dios ha hecho para salvar el mundo, en modo supremo, en los sucesos históricos de la vida, muerte, resurrección y reinado de Jesucristo. En Cristo hay esperanza.

·         La misión de la Iglesia continúa. La misión de Dios continúa hasta los confines de la tierra y hasta el fin del mundo. Llegará el día cuando los reinos del mundo se convertirán en el reino de nuestro Dios y de su Cristo, y Dios morará con su humanidad redimida en la nueva creación. Hasta tanto, la participación de la Iglesia en la misión de Dios continúa, con una urgencia gozosa y con oportunidades nuevas y apasionantes en cada generación, incluida la nuestra.

 

La pasión de nuestro amor


Esta Declaración está enmarcada en el idioma del amor. El amor es el idioma del pacto. Los pactos bíblicos, antiguos y nuevos, son la expresión del amor y la gracia redentores de Dios que se proyectan para alcanzar a nuestra humanidad perdida y a la creación estropeada. A cambio, reclaman nuestro amor. Nuestro amor se demuestra en confianza, obediencia y un compromiso apasionado con nuestro Señor del pacto. El Pacto de Lausana decía que la evangelización mundial requiere que "toda la iglesia lleve todo el evangelio a todo el mundo". Esta sigue siendo nuestra pasión. Así que renovamos ese pacto afirmando nuevamente:

·         Nuestro amor por todo el evangelio, como las gloriosas buenas noticias de Dios en Cristo, para cada dimensión de su creación, porque ha sido arrasada toda por el pecado y el mal;

·         Nuestro amor por toda la Iglesia, como el pueblo de Dios, redimido por Cristo de toda nación en la tierra y toda era de la historia, para compartir la misión de Dios en esta era y glorificarlo por siempre en la era venidera;

·         Nuestro amor por todo el mundo, tan lejos de Dios pero tan cerca de su corazón; el mundo que Dios amó tanto que entregó a su único Hijo para su salvación.

Al amparo de este triple amor, nos comprometemos nuevamente a ser toda la Iglesia; a creer, obedecer y compartir todo el evangelio; y a ir a todo el mundo para hacer discípulos a todas las naciones.



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